
Un perro, un hámster, peces de colores, un tortuga, un periquito… ¿Qué niño no ha pedido alguna vez a sus padres una mascota? Introducir un nuevo y ‘peludo’ miembro en la familia es una gran decisión, que conlleva grandes dosis de responsabilidad, y que no debe tomarse a la ligera: el presupuesto, las ganas de cuidarlo, el tamaño de nuestro hogar, la cantidad de tiempo libre de la que disponemos… cuentan a la hora de decantarse por una u otra variedad o raza.
Uno de los factores que más influyen en los papás que están planteándose adoptar una mascota es la edad de los ‘peques’ de la casa: aunque es un hecho evidente que tener un animal beneficia a los niños en infinidad de niveles emocionales, cognitivos y sociales, estos beneficios varían sustancialmente dependiendo de la edad. Así, por ejemplo, los bebés y ‘peques’ que empiezan a caminar, disfrutan más de los aspectos sensoriales de los animales: los plumajes de brillantes colores de los pajaros, la suavidad del pelaje de un gato o un perro, el efecto hipnótico de un acuario repleto de peces de colores…
En los niños en edad preescolar, destaca el desarrollo emocional, ya que hay una mayor intensidad en la relación entre ambos, mientras que su sistema inmunológico se ve fortalecido por el contacto con el animal, previniendo de posibles alergias en su vida adulta. Los niños más mayores, por último, aprenden a establecer nuevos hábitos de responsabilidad al ayudar con sus cuidados, y son más propensos a participar en actividades en familia o a incluir nuevas formas de ejercicio al aire libre en su rutina diaria.
Eso sí, a la hora de adoptar a un nuevo amiguito, es importante tener en cuenta cuándo se produce la llegada de éste a la familia: si la mascota estaba con nosotros antes que nuestros hijos, es importante tener en cuenta que el animal puede desarrollar celos, por lo que no está de más cambiar sus hábitos antes de la llegada del bebé o niño. Si el orden de llegada al hogar es el contrario, es vital explicar a los niños que una mascota no es un juguete , y que tiene sus necesidades tales como comer, dormir, descansar y tener su propio espacio.
Notas Relacionadas
¿Por qué abandonan las mujeres la lactancia?
Desde su función como ‘medicina natural‘ contra catarros, diarreas, alergias y otitis en el caso de los bebés, hasta la reducción en el riesgo de padecer anemia, hipertensión, osteoporosis o depresión post-parto en el caso de la madre, a la hora de repasar los beneficios de la leche materna, no hay duda de por qué cerca del 90 por ciento de las mujeres embarazadas responde que sí cuando se les pregunta si quieren amamantar.
a cifra de madres deciden amamantar a sus hijos disminuye hasta el 68% a las 6 semanas de comenzar la lactancia, bajando a 52 a los tres meses y hasta un 36 por ciento a los seis meses después de dar a luz.
Las razones son diversas: la sensación por parte de la madre de que no tiene suficiente leche, o de que ésta no es de suficiente calidad y que, por tanto, no alimenta a su bebé como es debido, es el motivo que con más frecuencia aducen las madres para el abandono de la lactancia materna, y por el que deciden recurrir a las ayudas con sucedáneos y leches de continuación. Un error que tiene más que ver con la falta de información que con el acto de dar el pecho en sí mismo: a pesar de que prácticamente todas las mujeres producen la leche necesaria para alimentar de forma natural a uno o dos hijos, un inicio tardío, la inadecuada posición al pecho, o un mal agarre pueden provocar que el niño no obtenga la leche suficiente o produzca molestias, conllevando a un destete temprano.
Por este motivo, se recomienda acudir al pediatra antes de tomar medidas drásticas, e intentar prolongar la lactancia al menos durante los seis primeros meses de vida, continuando el amamantamiento junto con comidas complementarias hasta los dos años de edad o más.
Notas Relacionadas
Sobrevivir al segundo embarazo.
Cuando llega el segundo ya no eres una primeriza atemorizada por la incertidumbre de los acontecimientos que están por venir. Ya has pasado por la experiencia de estar embarazada y ya casi nadie te presta la misma atención que la primera vez. No te preocupes, te damos unos consejos para que lo lleves ¡fenomenal!
- Piensa en positivo.Lo primero que debes tener en cuenta es que sí, ya has pasado por un embarazo, pero puede que éste no sea igual. Siempre puede ser mejor y peor.
- No te hagas la fuerte, ahora a parte del embarazo ya tienes un hijo en el mundo que te resta la energía que necesitas para estar descansada, sobre todo los primeros meses. Intenta que el resto de la familia se ocupe más de él, sin que él note que tu te ocupas menos.
- Cuestión de peso. Cuídate, no alces pesos pesados, eso incluye al rey de la casa. No es que sea perjudicial para el bebé que esperas, la razón fundamental es que tu espalda, que ya soporta más peso del normal, se puede resentir. ¿No querrás que te den una baja por ciática, no?
- No intentes abarcarlo todo: niño, casa, trabajo, embarazo… ¿Realmente te has creido superwoman? Ella no existe y tú no tienes súper poderes ( aunque tu hijo así lo crea).
- Uff! Qué descanso… Hazle ver a tu marido y a la familia más cercana que cuando estás cansada realmente necesitas descansar. Algunas veces ellos no son conscientes del trabajo y la energía que supone llevar un embarazo sano.
- Actúa cómo primeriza ypregúntale a tu médico todas las dudas que tengas. Éste embarazo no tiene por qué ser igual al anterior y si hay algo que te pasa que antes no te ha pasado no te quedes con el come come.
- No alimentes tus miedos. Ahora que ya sabes a todo lo que te expones y a lo que te enfrentas, no estés pensándolo todo el día. Todo saldrá bien.
- Herencias… Cuando se acerque el momento y te entre el síndrome del nido y empieces a limpiar como una posesa… Aprovecha a mirar, lavar y planchar todo lo que te pueda servir de tu hijo mayor, faldones, vestido, arrullos, toallas de bebé, sábanas de cuco, sábanas de paseo, baberos de recién nacido, bodys, pijamitas…
- Alguien está por llegar. Aprovecha los momentos que estés con tu hijo mayor para hablarle de su hermano y que vaya tomando conciencia del nuevo bebé, explícale que vuestras vidas van a cambiar un poco, que él va a ser el mayor y que te va a tener que ayudar a cuidarle, lavarle… Empieza a darle importancia para que cuando nazca el bebé no se sienta desplazado y ocupe su lugar de mayor con naturalidad.
- El ahorro. Ya no tienes que comprar ni carro, ni cuna, ni cambiador, ni calienta biberones, ni esterilizador, ni bañera, ni hamaca, ni prácticamente nada. ¿Qué quieres que te regalen tus amigos? Pídeles cosas que realmente que hagan ilusión, ¡ya lo tienes todo!
- Un consejo. Como ya sabes que tu cuerpo vuelve a ser el mismo en un tiempo, cómprate un conjunto nuevo para ese gran día en el que te vuelven a entrar tus vaqueros. En casa te tienen que seguir viendo radiante.
Notas Relacionadas
Los beneficios de comer en familia
Hacer coincidir los horarios de toda la familia a la hora de sentarse a la mesa puede resultar casi una misión imposible: conciliar la vida personal y familiar no sólo supone todo un ejercicio de malabarismo sino, también, un auténtico esfuerzo físico y mental. Aún así, los expertos en nutrición infantil aseguran que merece la pena: la mesa es el entorno ideal para compartir y hacer vida en familia, y esto afecta especialmente a los más pequeños.
- Los beneficios: mejora de las habilidades comunicativas y sociales, interacción en el entorno familiar o nuevas formas de aprendizaje de ‘los mayores’ son sólo agunos de ellos. Compartir lo que hemos hecho, visto o vivido durante el día sentados a la mesa en lugar de enfrente de la tele permite a los peques desarrollar su nivel de conversación, así como discutir o argumentar a cerca de sus nuevos logros, tareas, o, simplemente, los ‘nuevos mejores amigos’ que han conocido durante el día. La mesa es, además, el momento perfecto para que los papás y mamás con agendas más apretadas dediquen cien ojos y oídos a todo lo que sus hijos tengan que contarles: una manera sencilla y eficaz de aprovechar el tiempo en familia, y permitir a los peques sentirse integrados, atendidos y escuchados cada día, al menos, durante un ratito.
Junto a los beneficios emocionales está la siempre pendiente tarea de aprender modales y ‘copiar’ correctos roles de comportamiento: si tus hijos están apuntados al comedor del cole, lo más probable es que la mayor parte de actitudes en la mesa provengan de compañeros de juegos y amigos. Aprovecha la hora de la cena para corregir modos y formas, e inculcarles hábitos y patrones correctos de alimantación: recuerda que es durante la infancia cuando se adquieren la mayor parte de patrones de conducta, que se desarrollan más tarde durante la vida adulta.
Notas Relacionadas
Diarreas infantiles en verano.
El verano, esa estación cuya llegada todos esperamos, no sólo trae consigo las merecidas vacaciones, cuerpos bronceados, noches más largas y diversión casi asegurada. Junto a estas buenas noticias, existen algunos compañeros de viaje ligados al verano que no siempre son tan bien recibidos. Uno de ellos son las diarreas, que suelen cebarse muy especialmente con los más pequeños.
Así, esta dolencia tan veraniega adquiere una importancia significativa por dos razones: la deshidratación que comporta y la frecuencia con la que afecta a los niños. Se caracteriza por la evacuación frecuente de heces líquidas, que se asocia con la pérdida excesiva de líquidos y electrolitos, en especial sodio y potasio.
La diarrea infecciosa, que puede ser de origen parasitario, bacteriano o vírico, viene siempre acompañada de deshidratación, cuya gravedad dependerá de cada caso en particular.
En los países desarrollados, la vírica es la más frecuente, seguida por la bacteriana. Ambas tienen un importante grado de estacionalidad, siendo mucho más habituales en épocas de calor y especialmente en verano, afectando especialmente a los niños que conviven con otros niños por la facilidad de su contagio (guarderías, campamentos…).
Para prevenirlas, es importante mantener una higiene escrupulosa en la manipulación de los alimentos, así como asegurar una rápida refrigeración, intentando que no estén demasiado tiempo a temperatura ambiente. Si no se ha podido evitar, es fundamental reponer las sustancias perdidas, rehidratando el cuerpo e incorporando, progresivamente, una dieta astringente y blanda.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda, además, que durante el tratamiento de la diarrea, especialmente en niños, se sustituya la leche por otra fermentada con bacterias probióticas, que tiene la capacidad de prevenir y acortar el tiempo de la diarrea, ayuda a restablecer la adecuada nutrición y se tolera mejor que la leche.
Si los síntomas no remiten, aparecieran episodios de fiebre, vómitos constantes y siempre que el niño sea menor de tres años (por su mayor peligro de deshidratación) es importante acudir al médico para que valore el caso.






